En estos días, de realidad tan dura, me dio la loca de tratar nuevamente de encontrar la explicación científica de lo que es en realidad el amor y el enamoramiento. Y después de leer al respecto sigo opinando que en el amor siempre hay alguien que sale lastimado, y en mi caso particular ese soy yo. Pero esta búsqueda, esta racionalización de la pena y la tristeza, no es mas que una patética forma de confirmar que en realidad lo que me pasa es que no me resigno a aceptar lo que es evidente y lo que es peor yo estoy de acuerdo con todo lo que a continuación recopile de algunos autores. Pero aun estando de acuerdo sobre lo inconveniente del estar enamorado mi cerebro se las ingenia para convencerme de lo contrario y yo se lo creo. No seria justo decir que lo que sigue esta escrito por mi, estoy recibiendo la ayuda de un amigo que prefiere mantenerse anónimo por ahora.
Decía Ortega y Gasset que y cito textual “el enamoramiento es una especie de imbecilidad transitoria”. Para mi , tratándose del amor, la definición me parece muy buena como cualquier otra y mejor que muchas. Mejor, por ejemplo, que la kich teoría de la media naranja que Platón, en el Banquete, pone en boca de Aristófanes; porque con demasiada frecuencia advertimos que la persona amada es otra cosa menos esa otra mitad nuestra con la cual queremos unirnos; y, sin embargo, no hay posibilidad de escape una vez que el proceso se ha puesto en marcha. Querer o dejar de querer no son cuestiones de voluntad ni de reconocimiento: yo no me enamore por que así lo quise tras encontrar en ella cualidades compatibles con las mías. Entonces tampoco me es posible dejar de amarte mediante un voluntario esfuerzo. Una vez que el veneno corre por las venas no hay antídoto posible: sólo queda esperar a que desaparezcan los síntomas.
Objeciones similares podrían hacerse a la teoría de la cristalización de Sthendal, para quien el enamoramiento sería un fenómeno de la proyección: uno se enamora cuando proyecta en otra persona determinadas perfecciones y la adorna con ellas, hasta el día fatal en que descubre que ese ser no existe en realidad, que es un mero producto de su imaginación, que lo que amaba era, en suma, un simple espejismo. De creerle a Sthendal tengo que suponer que el enamorado vive, mientras ama, sumido en un estado de engaño tan inconsciente como hermoso. Pero lo cierto que a veces se ama sabiendo que no debería amarse, que el objeto de nuestro amor no es en absoluto amable, y, pese a todo, no hay remedio. Los amores de Swann, narrados por Proust en el primer volumen de En busca del tiempo perdido, constituyen, a este respecto, un buen ejemplo: Swann no vive en absoluto engañado respecto a Odette: es plenamente consciente de sus mentiras, de su vulgaridad, de su mezquindad; consciente incluso de que ni siquiera es su tipo de mujer, pero no puede evitar amarla... ni casarse con ella.
«El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior». ¿Una alegría? Yo no sé si esto puede es cierto, el amor como Eros, es siempre un estado de alegría unido al conocimiento de la causa externa (la persona) que nos la provoca: la alegría conlleva estados de ánimo de serenidad o sosiego, pero el amor es esencialmente intranquilidad y desasosiego, al menos hasta que el amor Eros deviene en, cariño, momento en el que se comienza a compartir la cama como se comparte la mesa. Y éste es uno de los desenlaces posibles del amor. El otro es el olvido. Entre ambos no hay alternativa, porque la intranquilidad inherentes al enamoramiento mismo suponen un estado de activación tal que resultaría sencillamente insoportable mantener durante mucho tiempo, así que una de dos: o el amor se transforma en otra cosa o desaparece. No, definitivamente no puedo estar de acuerdo: muy a menudo el amor es como una gripe, se parece bastante: en ambos casos hay un periodo de incubación, de fiebre y de remisión de los síntomas; y, como en la gripe, tampoco uno queda inmunizado para siempre, porque la próxima vez el virus será distinto y tal vez peor.
De manera que el estado de imbecilidad transitorio no es mala sugerencia. La imbecilidad transitoria, es un precio que tenemos que pagar a cambio de las ventajas adaptativas que trae aparejadas para la especie la reproducción sexual. Definir el enamoramiento como una imbecilidad pasajera es, seguramente, una definición funcional. Se define el enamoramiento por lo que el enamorado hace, a saber: el imbécil. Y ciertamente, sólo un estúpido sería capaz de empobrecer su vida mental, de reducir su campo perceptivo y motivacional hasta el extremo de concentrarse maniáticamente en un solo objeto, al punto de que todo lo demás pasa a un segundo plano o simplemente desaparece. El enamorado es un maniático, y como el maniático, el loco o el imbécil, razona conforme a una lógica propia; una lógica en la que los principios elementales de identidad, no-contradicción y tercero excluso con frecuencia se hallan ausentes; y así, el enamorado cree lo increíble, espera contra toda esperanza, considera probable lo imposible e imposible lo evidente. Y por fin, cuando un día las cosas vuelven a su sitio, cuando remiten los síntomas y desaparece la fiebre, le cuesta entender lo que ha ocurrido, No esta muy errado Kierkegaard cuando afirmaba que «todos los amantes son igualmente ridículos».
Yo no sé si todo esto tiene mucho que ver conmigo, porque, en realidad, soy muy enamoradizo: tal vez me gusten demasiado las mujeres. Y sin embargo al día de hoy han sido contadas las ocasiones en las que me he visto sumido en este estado (aunque no por eso fui menos estúpido mucha veces y por muchos motivos); y si me he enamorado poco, aún desearía haberlo hecho menos: cuando se está enamorado se pierde demasiado tiempo, y, además, yo poseo la sorprendente habilidad de dar siempre con la persona equivocada y saber que a ellas les ha sucedido lo mismo, ni es un gran consuelo ni una realidad que me conforme. Los amores, esas cosas que pasan con las mujeres (al menos en mi caso), son más divertidos, te llevan menos tiempo y te vuelven menos tonto
Decía Ortega y Gasset que y cito textual “el enamoramiento es una especie de imbecilidad transitoria”. Para mi , tratándose del amor, la definición me parece muy buena como cualquier otra y mejor que muchas. Mejor, por ejemplo, que la kich teoría de la media naranja que Platón, en el Banquete, pone en boca de Aristófanes; porque con demasiada frecuencia advertimos que la persona amada es otra cosa menos esa otra mitad nuestra con la cual queremos unirnos; y, sin embargo, no hay posibilidad de escape una vez que el proceso se ha puesto en marcha. Querer o dejar de querer no son cuestiones de voluntad ni de reconocimiento: yo no me enamore por que así lo quise tras encontrar en ella cualidades compatibles con las mías. Entonces tampoco me es posible dejar de amarte mediante un voluntario esfuerzo. Una vez que el veneno corre por las venas no hay antídoto posible: sólo queda esperar a que desaparezcan los síntomas.
Objeciones similares podrían hacerse a la teoría de la cristalización de Sthendal, para quien el enamoramiento sería un fenómeno de la proyección: uno se enamora cuando proyecta en otra persona determinadas perfecciones y la adorna con ellas, hasta el día fatal en que descubre que ese ser no existe en realidad, que es un mero producto de su imaginación, que lo que amaba era, en suma, un simple espejismo. De creerle a Sthendal tengo que suponer que el enamorado vive, mientras ama, sumido en un estado de engaño tan inconsciente como hermoso. Pero lo cierto que a veces se ama sabiendo que no debería amarse, que el objeto de nuestro amor no es en absoluto amable, y, pese a todo, no hay remedio. Los amores de Swann, narrados por Proust en el primer volumen de En busca del tiempo perdido, constituyen, a este respecto, un buen ejemplo: Swann no vive en absoluto engañado respecto a Odette: es plenamente consciente de sus mentiras, de su vulgaridad, de su mezquindad; consciente incluso de que ni siquiera es su tipo de mujer, pero no puede evitar amarla... ni casarse con ella.
«El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior». ¿Una alegría? Yo no sé si esto puede es cierto, el amor como Eros, es siempre un estado de alegría unido al conocimiento de la causa externa (la persona) que nos la provoca: la alegría conlleva estados de ánimo de serenidad o sosiego, pero el amor es esencialmente intranquilidad y desasosiego, al menos hasta que el amor Eros deviene en, cariño, momento en el que se comienza a compartir la cama como se comparte la mesa. Y éste es uno de los desenlaces posibles del amor. El otro es el olvido. Entre ambos no hay alternativa, porque la intranquilidad inherentes al enamoramiento mismo suponen un estado de activación tal que resultaría sencillamente insoportable mantener durante mucho tiempo, así que una de dos: o el amor se transforma en otra cosa o desaparece. No, definitivamente no puedo estar de acuerdo: muy a menudo el amor es como una gripe, se parece bastante: en ambos casos hay un periodo de incubación, de fiebre y de remisión de los síntomas; y, como en la gripe, tampoco uno queda inmunizado para siempre, porque la próxima vez el virus será distinto y tal vez peor.
De manera que el estado de imbecilidad transitorio no es mala sugerencia. La imbecilidad transitoria, es un precio que tenemos que pagar a cambio de las ventajas adaptativas que trae aparejadas para la especie la reproducción sexual. Definir el enamoramiento como una imbecilidad pasajera es, seguramente, una definición funcional. Se define el enamoramiento por lo que el enamorado hace, a saber: el imbécil. Y ciertamente, sólo un estúpido sería capaz de empobrecer su vida mental, de reducir su campo perceptivo y motivacional hasta el extremo de concentrarse maniáticamente en un solo objeto, al punto de que todo lo demás pasa a un segundo plano o simplemente desaparece. El enamorado es un maniático, y como el maniático, el loco o el imbécil, razona conforme a una lógica propia; una lógica en la que los principios elementales de identidad, no-contradicción y tercero excluso con frecuencia se hallan ausentes; y así, el enamorado cree lo increíble, espera contra toda esperanza, considera probable lo imposible e imposible lo evidente. Y por fin, cuando un día las cosas vuelven a su sitio, cuando remiten los síntomas y desaparece la fiebre, le cuesta entender lo que ha ocurrido, No esta muy errado Kierkegaard cuando afirmaba que «todos los amantes son igualmente ridículos».
Yo no sé si todo esto tiene mucho que ver conmigo, porque, en realidad, soy muy enamoradizo: tal vez me gusten demasiado las mujeres. Y sin embargo al día de hoy han sido contadas las ocasiones en las que me he visto sumido en este estado (aunque no por eso fui menos estúpido mucha veces y por muchos motivos); y si me he enamorado poco, aún desearía haberlo hecho menos: cuando se está enamorado se pierde demasiado tiempo, y, además, yo poseo la sorprendente habilidad de dar siempre con la persona equivocada y saber que a ellas les ha sucedido lo mismo, ni es un gran consuelo ni una realidad que me conforme. Los amores, esas cosas que pasan con las mujeres (al menos en mi caso), son más divertidos, te llevan menos tiempo y te vuelven menos tonto
4 comentarios:
Paso a opinar sobre el texto, en especial sobre "La teoría de la cristalización" creo q es sumamente cierta, quizás nunca es real todo lo que admiramos de la otra persona, y todo lo que nos parece más rescatable lo "adornamos" lo idealizamos... y si debiera poner algo que tenga que ver conmigo, el amor se me asemeja a humillación en muchos casos... claro q el ser enamorado es "el imbécil" y cuando llega el olvido, odiamos todo eso que hicimos durante el enamoramiento, a todo lo que recurrimos por ser notados, por ser amados, y si lo somos, queremos más, no creemos nada suficiente, nada iguala lo que yo siento. El amor es egoísta. El enamorado pierde la capacidad de razonar, solo actúa y se arrepiente, siempre, después...
Si bien existen diferentes formas de amar, es decir, no podemos comparar el amor que siente un padre al ver nacer un hijo, que ese mismo padre cundo por esas cosas de la vida se encuentra con quien sera la mujer de ese hijo, estos modos se encuentran en algun punto: el sufrimiento.
¿A qué quiero llegar? cuando uno ve a su hijo tomando malas decisiones tiende a preguntarse en que se esta equivocando, intenta hablarlo, ya sea con él o con algun especialista. Pero con la pareja todo es distinto: uno no puede entrar en razon, no comprende como despues de todo lo que arriesgo algo pueda salir mal. Como aquella persona no siente el mismo deseo de estar con uno; desgraciadamente esto tampoco termina ahi, ya que uno es capaz de seguir entregando cosas sin recibir nada a cambio, como si el receptor lo valiera. Asi continua uno, regalando tiempo, ahoras de meditacion, lagrimas todo por aquel ser que parece inmune, a tal punto de cargarse al hombro los errores agenos o justificando aquellos que uno prevée puedan cometerse.
Tal vez la única solucion sea el tiempo, mucho tiempo, en el cual uno podra consolrarse pensando en que siempre buscó lo mejor para todos y que afrontó cada cosa en su momento, y que lo errores cometidos nunca fueron parte de sus intenciones, sino que solo las acompañaron. A pesar que uno se sienta el unico lastimado, tiene que saber que a la larga el otro lado tambien sufrira las consecuencias cuando descubra lo que dejó pasar. Muchas veces uno quisiera ser un animal, no pensar, solo actuar, no tener remordimientos, solo olvidar, no tener consiencia solo sentir...
A pesar de todas las reflecciones este es el papel que nos a tocado, y creo que la idea es pasarla lo mejor posible.
Gracias por este espacio...
bhjhhj
En mi casa no nos enseñaron a amar, nunca nos hablaron del amor, ni como ser con los demas, crecimos solos. Por eso muchas veces amé (o creí amar)a la persona equivocada y llegué a pensar que el dolor iba a ser parte de mi vida.
A mi me ayudo mucho mi pareja, cuando por fin la encontre y me enseñó a amar. Eso necesitaba, alguien que esté dispuesto a enseñarme a sentar las bases de una relación sólida. Y puedo decir ahora que soy feliz y de verdad. Gracias.
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