Dirán que he venido por otros tiempos, convocado
por señales que quedaron en la tierra para ser descifradassólo el día en que se junten las tres estrellas
del amanecer.
Dirán que no soy el mismo que se fue
y que me deshago, ahora, en la fácil estratagema
de buscar mi propia identidad entre los dólmenes,
aquellos puestos al acecho de la eternidad,
juego tenaz de muertes y revelaciones.
Dirán que finjo la palabra primordial para
confundir al sediento de verdad, como un oráculo
de inversa práctica, o que pretendo
apaciguarme vistiendo el ropaje del verdugo.
Pero he venido sólo por ti, impaciente y temeroso,
como antes de lanzarme a herir de muerte a la Bestia
en medio de su sueño.
He venido sólo por ti, profanando el remordimiento del ciego,
dándole al perro más fiel esta carne envenenada,
llamándote por el nombre que te asignamos cuando
se multiplicaron los peces y hubo otro fulgor entre las zarzas.
Voy por mis puñales, al asalto terminal.
Puedes entenderlo o no. Es parte de la historia.
Sé que estás allí, aunque la penumbra ciña
tu flanco alado. Y aunque el resto se confunda
otra vez, cerca del fin.
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